Adriana Hanun
Artista
“Si acercáramos a los niños y adolescentes al mundo de las artes plásticas, estaríamos formando hombres y mujeres de bien. Creo profundamente en el poder transformador del arte y en su capacidad para sembrar sensibilidad, conciencia y valores en cada persona.
Siempre comparto este mensaje: hay que atreverse a aprender cosas nuevas, sin importar la edad. La actitud de avanzar, de explorar y de mantener viva la curiosidad es lo que nos impulsa y nos mantiene verdaderamente vivos”.
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Nacida en Tampico, Tamaulipas —puerto que lleva profundamente tatuado en el alma y en su paleta de colores—, ha construido un camino artístico guiado por la emoción y la necesidad interior de expresión.
Su trayectoria en la pintura comenzó hace casi una década, impulsada por el deseo de dar forma visual a sentimientos que no podían expresarse con palabras. Inició su formación en la Casa de la Cultura de Coyoacán, en la Ciudad de México, donde descubrió su amor por la pintura y consolidó su mirada artística. Posteriormente continuó su aprendizaje en el taller del maestro Zagal, fortaleciendo su técnica y sensibilidad plástica.
Trabaja principalmente con óleo, acrílico y técnicas mixtas, explorando el color como una herramienta de introspección y conexión espiritual. Su obra nace desde lo íntimo y lo emocional, convirtiéndose en una extensión de su sentir y desarrollando un lenguaje propio que busca establecer un vínculo genuino con el espectador.
Ha participado en exposiciones en México y en el extranjero, presentando su obra en espacios culturales, ferias de arte, eventos privados y corporativos. Asimismo, algunas de sus piezas forman parte de colecciones particulares y han sido exhibidas en diversos espacios gastronómicos. Cada muestra representa para ella una oportunidad de compartir emociones vivas y experiencias transformadas en color.
Además de la pintura, explora otros materiales como el vidrio fusionado, el mármol y la pasta epóxica, ampliando así sus posibilidades expresivas y su constante búsqueda de aprendizaje.
A través de su arte, pinta para sanar, para compartir y para invitar al espectador a mirar hacia su interior mediante la fuerza del color y la honestidad del trazo. Firme creyente en el poder formativo del arte, sostiene que acercar a niños y adolescentes a las artes plásticas contribuye a formar seres humanos más sensibles y conscientes. Su filosofía de vida se resume en una premisa clara: atreverse a aprender cosas nuevas sin importar la edad, porque la actitud de avanzar mantiene vivo el espíritu creativo.
Su lema, que define su esencia artística, es: “Las pinceladas del alma a través de mis ojos”.


